martes 21 de abril de 2009

COSAS QUE DEBEN EXISTIR.

Buenas noches.



Ando estos días, por cuestiones personales y cambios profesionales, reflexionando, no ya sobre la brevedad de los días, que eso es ya un clásico en mí, irremediablemente, porque me agarro a la vida como si en ello me fuera ella. Al no creer en la transcendencia, me veo abocado al sinuoso zigzag de la certidumbre -como el taxista del "Víbora "-, feroz, como el anticlericalismo del amigo Panta. Sumiso, como nuestro sargento a sus "conbissioneh". Implacable, como la Mocosa con sus comentarios y terco, como Lázaro cuando lo pillas en algo que le interesa.



A lo que mi mente alcanza, no estoy afectado por ningún TAE (Transtorno Afectivo Estacional), aunque podría ser, mortal y frágil como es uno -un sudario, en fin, por estrenar y comprado a plazos de diez en diez años-. Tampoco temo a las crisis que siempre, creo yo, deben ser para mejor.

Además, mis cuarenta primaveras volaverunt. No. No es eso.

La inspiración me vino, hace dos días cuando me fijé en las medias negras que llevaba mi compañera de trabajo favorita: una epifanía en toda regla. No me acuerdo del tiempo que hace que no me tomo un café con tanto gusto ni de los días en los que he estado aletargado por nimiedades, siempre temidas, pero, casi nunca, importantes. Era para ser visto como cruzaba las piernas. Era el añorado cosquilleo en la hipófisis. Para bien o para mal.



Quiero hablaros de las cosas que creo que deben existir y, por exclusión, de las que no deben ser en esta feria de vanidades.

Allá voy:

Creo, amigos, en que debe haber gente con la que reirse hasta casi morir.

Creo en las personas que educan y forman a nuestros hijos.

Creo en un sólo sexo sin preguntas.

Creo en el amor sin condiciones.

Creo en la convivencia con condiciones.

Creo en la gente que nos libra de nuestros males.

Creo en el derecho a diez minutos para reflexionar.

Creo en los humanos dispuestos a cambiar las cosas.

Creo en los amigos con los que soñé la revolución.

Creo en la tristeza de mis hijos cuando me finjo alegre.

Creo en Jim Morrison y Los Beatles.

Creo en los días de vino y rosas.

Creo en que hay que dar ejemplo al mundo.

Creo en que la humanidad siempre ha usado las drogas, más para bien que para mal.


Creo en no llevar la contraria si no sé escuchar.


Creo en la gente que lee mi blog. (Perdón, pero yo no destaco por mi modestia).

Creo en que alguien debe enterrar a los muertos.


No creo en quienes supuestamente predicaron todo esto...

...antes de que yo lo pensara.
Que cada uno se identifique con la parte del credo que tenga a bien.



Dadle al pause (dos rayas) al ipod y disfrutad, si puede ser, en buena compañía.



Está loco pero mola.