
Güenas.
En épocas de crisis económica como la nuestra, la gente busca refugio en la espiritualidad. Hay personas que piensan que la comunicación con lo que llamamos "nuestros amigos", forma parte de eso. Pero yo, como es de suponer, creo que no. Para empezar, no sé qué es la espiritualidad y mucho menos qué pintan nuestros candidatos a amigos en ella. La realidad despellejada apunta a que pocos de nuestros amigos aportan algo a nuestras vidas. No es cinismo, ni prepotencia ni siquiera optimismo bien informado: yo creo que es así y me explicaré.
Cada vez más, psicólogos y terapeutas varios reciben la visita de pacientes atribulados que quieren saber cómo librarse de aquellos amigos que les están arruinando la vida. Menudos amigos. El sintagma "amigos tóxicos" ha sido incluso reconocido por la Asociación Americana de Psicólogos.
Según estos psicólogos, estos amigos se presentan de formas diferentes, a saber: -lo pondré en masculino por una cuestión de tiempo-:
El "debilitador pasivo agresivo": este envía críticas crueles disfrazadas como preguntas amistosas, tipo: "¿estás seguro de que eso que has dicho es lo más adecuado?" y añade: "te lo digo de buen rollito".
El "que dice que no a todo": este tipo mina todas nuestras iniciativas.
El "rompedor de planes": te deja plantado en el último minuto.
Los que "no dejan": estos tipos no te dejarán marchar a tu queo, sobre todo si han ingerido alcohol, hasta que les soluciones sus problemas personales. Son pelmas a más no poder. No quieren cariño ni comprensión: quieren nuestro tiempo y largarnos el rollo. No os engañéis.
El "ocupadísimo": para el cual todo es más importante que tú. En realidad, sólo quiere decirle al mundo: "mirad cuánto trabajo y qué útil soy, no como vosotros". Éstos obsesos del trabajo siempre te preguntan: "pero, tú ¿cómo tienes tiempo de escribir en un blog, se nota que no tienes nada más que hacer", añaden. Unos imbéciles, vamos.
El "bocachanclas": es un correveidile vulgaris disfrazado de "no sabía que fulanito no lo sabía". Un horror. Cualquiera le da el código del botón nuclear.
El "complicador": busca pegas a todo lo que propones. Analiza cada situación hasta extremos enfermizos. Normalmente, el miedo lo tienen ellos y quieren hacértelo aparentar como algo normal bajo la forma de la racionalización. Un ejemplo típico es el de los agorafóbicos. "No vayamos a esa boda, nosotros no somos católicos". A él le da igual lo de la coherencia confesional. Simplemente teme sufrir una crisis de ansiedad en la boda y te lo disfraza a modo de discurso coherente. Son listos pero cojean si se les mira bien.
El "parásito": te quiere tener en exclusiva como amigo porque tiene muy claros sus defectos. Normalmente es un acomplejado perverso que se irrita si tomas alguna iniciativa sin él.
El "listo": este no tiene desperdicio. Ya le puedes soltar un rollazo de Kant que él te lo desmonta con algo que ha leído en una enciclopedia por fascículos. Una frase típica suya es "te lo dije".
Aunque el tema es interesante no quiero enrollarme más. Hay más tipos de amigos tóxicos: los amigos de sí mismos, los amigos de tomar una copa por la noche velis nolis, los amigos de la desgracia y los amigos de lo tuyo. Éstos se identifican porque son compañeros cuando estás próximo a alguien que quieres. Son difíciles de detectar si no es el caso.
Normalmente todos estos amigos acusan algún grado de celotipia y así les va.
Había pensado en daros una especie de guía de cómo quitárselos de encima. Frases del tipo "¿Qué hora es?". "Tengo que ir a buscar a los críos al cole". "Perdona pero se acaba de morir mi suegra". En el caso de sufrir llamadas angustiadas a las cuatro de la mañana, va de coña decir: "Perdone pero esto es una funeraria y estoy "apañando" un cadáver para mañana a las ocho". También da buenos resultados identificar la llamada y hacerse pasar por un psicópata. Es fácil: respira uno hondo unos segundos y después dice con voz de borracho " yestapanebuncusuaaaaaarrreeeeeeeeshíiiiimimimimimimimimimimimim" y así hasta que el interlocutor cuelga de puro canguelo. Al día siguiente, se impone reaccionar como si se hubiese equivocado de número de teléfono. No creáis que no tiene su gracia porque la tiene y mucha. No niego que el clásico " Pero yo qué te hecho" también funciona.
Sin embargo, ante la duda, cuando el amigo de marras os haya soltado el rollo le decís: "¿has acabado?". Si la respuesta es "Sí", bingo!!!. Miradle con ojos comprensivos, respirad profundamente dos veces exactas y le gritáis " ¡¡¡VEEEESSSSSTEEEEEE AAAA LAAAAA MIEEEEEEERDAAAAAAAAAAAAA!!!!!!!.
Sin vacilar.
Aquí un ejemplo:






