jueves 2 de julio de 2009

ESCLARECIDOS.

Queridos amig@s, no traigo buenas noticias. Los padres y no padres (los de almas, no) somos, en general, patéticos, inmaduros, nos inventamos las reglas y no se nos puede legitimar como transmisores de eso que se llama autoridad. Lamento daros el día pero eso es lo se desprende de un estudio realizado por la Asociación de Usuarios de la Comunicación, que en su casa sabrán quiénes son. A la cabeza, un tal Alejandro Perales a quien tampoco tengo el gusto de conocer, y que, por presunción de inocencia, merece todo mi respeto.
En realidad, el estudio de marras no afirma lo anterior así de rotundamente. El problema, al parecer, es que esa es la imagen que reflejan los padres y adultos, por extensión, que aparecen en determinadas series de televisión como Física y Química, El Internado, HKM, otra en la que sale una Hanna Montana que ha visto días mejores y otras que ni me suenan. Es lo que tiene no ver la tele: no da uno pie con bola al no poder emitir juicios sobre cosas que se desconocen por falta de visionado. Como si no pudieramos imaginarnos lo que en esos seriales televisivos se cuece. ¡Vamos, hombre!
Ya saboreo lo que se ve ahí. Para empezar, debe haber una familia que se me antoja con dos hijos - por lo de la cuota- a cuál más sinvergüenza e irredento. Seguro que desoyen a sus acomplejados padres -¿puede que al borde de la separación o afectos de desafección sexual y amorosa?-, que no ordenan su habitación, que tienen escarceos con las drogas, que también tienen sus problemillas de intromisión en el sexo salvaje adolescente, que van con amigotes yonatanes gamberros y con amigotas vanesas o futuras putas. Carne de cañón, en fin. Huelga decir que, con toda probabilidad, todo lo anterior se presenta como potencial signo de fracaso escolar, que no de fracaso en sí. Es muy probable, además, que de vez en cuando digan "JODEEEERRRR, YYAAAA!" y otras lindezas, suaves pero significativas.

Por otra parte, son imprescindibles, a mala leche, unos abuelos ejemplares de posguerra tardía o ya de transición, - el acabose-, que intentan allanar el valle de lágrimas de sus hijos con una pizca de ese sentido común tan añejo del "ya te lo decía yo".

En el otro extremo, se debe situar otra familia un poco más ejemplar pero me temo que también patética: es ésta la compuesta por padres enrrollaos y majos que llevan a sus lobeznos a colegios con profesores comprensivos con sus andanzas y bla, bla. Son de esos maestros que escuchan a los niños y los animan a tomar partido por las cosas. Un ejemplo:

-"Pedrín, ¿a qué vienen esas notas en el segundo trimestre?"
-"Jo, profe, - no Don Natalio- es que en mi casa hay problemas."
-¿"Qué me dices? cuéntame."
-"Es que es la hora del recreo y me quiero comer el bocadillo y ya sabes que en el centro no se puede, así que ahora no puedo hablar, quizás en la hora de tutoría."
-"Quita, quita," dice el profe, "nos vamos a mi departamento y allí te comes el chusco tranquilamente, que por un día que me quede sin tomar café no va a pasar nada". (Anda que me quedo yo un día sin café)

-"¿Y bien?", suelta el pedagogo con ansia.
-"Ná, que mis padres no me escuchan, profe"
-"¿En qué sentido?", inquiere el docente al ver la luz al final del túnel.
-"No sé, profe. Se pasan el día con que si tengo que estar menos en internet y todo eso".
-"Y tú, Pedrín, ¿qué sensación tienes cuando ocurre eso?" replica Freud a modo de colofón.
-"Pues, no sé, profe, pero estoy mu estresao y tal".

En este apartado del diálogo besuguil, el profe ya ha caído en la trampa. Sólo le hace falta interrogar al muchacho sobre si tiene sueños húmedos: un horror.
Me recuerda al chiste ese del padre que espera ansioso a su hijo a las cuatro de la mañana. Cuando éste aparece le suelta el padre: "¿No te da vergüenza tener a tu madre en vilo hasta esta hora? A lo que el chaval responde: "es que he tenido mi primera experiencia sexual, papá". "Bueno..." dice el papi, " si es así síentate y hablamos." "Sí, pa sentarme estoy yo". Cosas así.

Una vez más, no hay que desesperar, han salido al paso, ante tanta mediocridad, sindicatos, la Confederación Española de Centros de Enseñanza y la Federación Española de Religiosos de Enseñanza. Éstos últimos pidieron en una nota (¿?) un cambio en Física y Química por el "estereotipo irreal y profundamente negativo de la juventud y del personal docente que se difunde". Un momento, por favor. JUAS,JUAS,JUAS,JUAS. Perdonadme pero es que me troncho. Vamos a ver, ¿ya empezamos otra vez con el rollazo ese de que "NOSOTROS" no somos así y no es ese el modelo de sociedad que queremos para vuestros hijos? ¿Pero es que ahora interesa a esta gente - a los cuadros medios, quiero decir- de la federación esa, otra cosa que no sea perder paganos para sus filas y sus financiados colegios-prebenda?, con perdón por el juego de palabras fácil, -lo digo por lo de paganos-. Además, ¿Quién coño les ha dao vela en este entierro? ¿Por qué ven esas series? ¿Por morbo? ¿Para documentarse? ¿Acaso no conviven -y ,con frecuencia, demasiado con esa escoria que a ellos les repugna?

Debe ser que no. Ahora bien, si les invitan a subir a La Noria de tele 5, van.

Os dejo con los ochenta. En esa época sí que estábamos esclarecidos.



PS: En el post anterior está la respuesta al enigma de la promesa ante el piadosísimo Cristo de la Vega.